
En tiempos de crisis, las familias tienen que hacer números y milagros para poder llegar a fin de mes y llevar al dÃa todos los pagos. Incluso cuando ambos miembros de la pareja trabajan, esto puede volverse muy complicado, por lo que se buscan maneras para llevar un dinero extra a casa que permita cierto desahogo económico. Una de las opciones por las que nos podemos decantar, si en nuestra casa tenemos espacio libre o si, no teniéndolo, nos podemos apretar un poco, es alquilar una habitación.
Las parejas y los jóvenes que se emanciparon antes del comienzo de la crisis son quienes más han echado mano de este recurso para obtener una mayor liquidez.
Por otra parte, ha habido un gran cambio en las personas que buscan una habitación para vivir. Antes normalmente eran estudiantes o jóvenes, a quienes ahora se han añadido divorciados o separados, con o sin hijos, madres solteras con hijos, jubilados con pensiones escasas, mileuristas, inmigrantes… La imposibilidad de poder pagar el alquiler de una vivienda los lleva a alquilar una habitación.
Si queremos alquilar una habitación, lo primero, deberemos fijar el precio de la misma, que debe ser correlativo al estado de la vivienda, dónde esté situada, si está bien comunicada, el tamaño de la habitación, etc. Dependerá de nosotros determinar si los gastos como luz, agua, etc, van incluidos en el precio o si se pagan aparte.
Pero quizá más importante aún que el precio es organizar la convivencia. Tanto la persona que entre en casa como los propietarios deben tener muy claro cuales son los derechos y los deberes de cada uno, como nos organizaremos para el uso de la cocina, el baño, la limpieza y el uso de las zonas comunes. Cuanto más clarifiquemos este punto desde el principio, más agradable será después la convivencia.
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