
Internet se ha convertido en una herramienta de uso cotidiano en nuestra vida, en aspectos sociales o lúdicos como el correo electrónico o las redes sociales, o en otros más importantes como la gestión de negocios, de nuestras cuentas bancarias, etc.
Todo ello lo hacemos utilizando contraseñas que unas veces son conocidas por nuestra pareja, familia o amigos y, en otros casos no es así, y, en caso de fallecimiento, este desconocimiento puede llevar a nuestros allegados a no poder acceder a determinados archivos del fallecido. ¿Qué ocurre entonces con todas nuestras claves, información y archivos digitales cuando fallecemos, es decir, con nuestra herencia digital?















