
Cuando contratamos un depósito en una entidad bancaria, a menudo nos vemos obligados a contratar una serie de productos vinculados al mismo, como puede ser una cuenta corriente, seguros, tarjetas de créditos, etc. Todo ello, nos suele suponer pagar una serie de cuotas o pagos que, a la larga, si los descontamos de los intereses que nos genera el depósito, hace que la rentabilidad de éste sea mucho menor que la que en un principio contratamos.
Por ello, una de las claves para evitar tener que contratar dichos productos y así ahorrarnos esté coste está en contratar los denominados depósitos sin vinculación, es decir, que no debemos contratar ningún otro producto adicional excepto el depósito que nos interesa. Como al contratar cualquier depósito, debemos contratar la periodicidad del mismo según nuestra situación económica y nuestras necesidades, desde un mes, hasta doce meses.




























































