
Cuando firmamos un contrato de alquiler, no siempre somos conscientes de que, al hacerlo, nos estamos obligando a cumplir las cláusulas recogidas en el mismo. Firmamos sin apenas leerlo o quizá después de haberle echado un vistazo por encima y en muchas ocasiones no nos enteramos realmente de lo que hemos firmado hasta que tenemos un conflicto con el propietario, momento en que el contrato se puede volver contra nosotros si no hemos tenido determinadas precauciones antes de firmarlo.
Leerlo íntegramente es la primera y la más obvia, pidiendo aclaración sobre las cláusulas que no comprendamos o con las que no estemos de acuerdo. Si éste es el caso, pediremos al propietario que las modifique de forma que en un futuro no nos veamos perjudicados por ellas. Si el propietario no se aviene a cambiarlas, lo mejor es buscar otra vivienda.




























































