Cómo afecta la inflación a los salarios
El coste de la vida sigue aumentando, la inflación no se frena pese al estancamiento de la economía. Después de casi un año de bajadas, el IPC vuelve a retomar una lenta pero sostenida escalada con un crecimiento anual estimado del 2%. Esta subida de precios no es otra cosa que lo que se conoce como inflación. Esto no sería un problema si no fuera porque los salarios y las pensiones siguen sin cambios. Al todo ser más caro y cobrar lo mismo, podemos comprar menos. Además, conviene saber que la inflación puede provocar una disminución del poder adquisitivo, incluso si el aumento de salarios y pensiones está por debajo de la media de crecimiento del coste de la cesta.

Podemos entender que la inflación moderada es una señal de crecimiento económico, se percibe como un signo de mejora porque significa que existe un consumo que puede hacer frente a la oferta del mercado. Sin embargo, esta nota positiva tiene matices, ya que la inflación actual, sin un aumento acorde de ingresos, puede causar serios problemas en la economía de muchas familias españolas. Siendo éste uno de los problemas que más preocupa a los ciudadanos. Más allá de las cifras y los datos, la pregunta es de qué modo repercutirán los números en el bolsillo.

Es importante recordar que el aumento delo nivel de precios está ligado al incremento de los salarios y las pensiones, pero no siempre es así. La subida salarial se establece en función del IPC, un indicador que también se utiliza para medir la inflación de un país, ya que mide cuánto varían los precios de ciertos bienes y servicios fundamentales para la vida cotidiana, desde la alimentación y la vivienda, hasta el transporte, el ocio y la enseñanza. Mientras que por otro lado, la inflación es el aumento general y sostenido de los precios en una economía.

Para que se entienda el funcionamiento cabe decir que cuando se ajustan los salarios y las pensiones al aumento real del IPC, las personas mantienen su poder adquisitivo porque sus ingresos comparativamente son los mismos que antes. Si bien el valor de los productos y servicios aumenta, se pueden comprar sin que ello suponga un sacrificio extra para la economía familiar. La situación mala aparece cuando hay un recorte o una congelación de salarios y pensiones o cuando, incluso si aumentan, no lo hacen lo suficiente como para acompasarse a la velocidad con la que sube el coste de vida. En ese caso, el dinero vale menos porque con él se pueden adquirir menos productos o disfrutar de menos servicios. En definitiva todos salimos perdiendo.