Cómo impugnar un testamento
Cuando una persona fallece, se lee su testamento, en el cuál ha dispuesto cómo se van a distribuir los bienes, dinero y otros elementos de su propiedad entre sus herederos. Normalmente, el testamento se abre y se distribuyen los bienes entre los herederos del testador de la forma que este dispone y ahí termina el proceso, pero hay casos en los que esto no sucede así porque alguno de los herederos o legatarios decide impugnar el testamento.

Un testamento no puede impugnarse tan sólo porque uno de los herederos o legatarios esté disgustado con la forma en la que se han repartido los bienes, sino que debe hacerlo, según el artículo 675 del código civil, cuando exista alguna causa que haga que el testamento sea nulo. Las causas que permiten impugnar un testamento son:

- Que el testador no estuviera en posesión de todas sus facultades mentales en el momento en el que el testamento fue redactado.

- Que el testador ha redactado el testamento bajo fraude o estando obligado a hacerlo de un determinado modo por terceras personas.

- Que el testamento no se haya ejecutado correctamente, es decir, que falta alguno de los requisitos legales para que el acto de redacción del testamento sea válido.

No todo el mundo puede impugnar el testamento, ya que sólo pueden hacerlo los herederos legales, los herederos o legatarios favorecidos en un testamento anterior. Sin embargo, no pueden impugnarlo quienes, de forma tácita o expresa, hayan reconocido su validez, es decir, que hayan realizado algún acto que presupone que consideran válido el testamento, como aceptar parte de la herencia.

La impugnación del testamento se debe hacer ante los Tribunales, dentro del plazo estipulado para ello en cada ordenamiento. El Tribunal puede determinar que el testamento es válido tal y como se ha redactado, que es nulo o que sólo una parte del mismo válido.