Cómo tomar decisiones acertadas en la empresa
Muchas veces la diferencia entre el éxito o el fracaso consiste en la toma de decisiones. La eficacia personal y la de las empresas dependen de cómo decidimos. En situaciones de incertidumbre, un proceso adecuado de toma de decisiones es muy importante para garantizar el futuro. Los empresarios aprenden a decidir cuándo se interiorizan unos principios básicos, eso es lo que les posibilita poder ir mejorando con independencia de los resultados.

El crecimiento personal y profesional depende puramente de las decisiones que vamos tomando por el camino. Algunas pueden ser estudiadas a conciencia y otras improvisadas para solucionar problemas no esperados. En cualquier caso, la decisión puede ser la clave de un buen o mal negocio. A continuación te damos algunos consejos para tomar decisiones acertadas en cualquier organización:

– Preocúpate por decidir bien más que por acertar: Las decisiones normalmente son tomadas por personas, y como tan nos podemos equivocar. Es habitual tener un injustificado sentimiento de responsabilidad, que lleva a pensar que si se hacen las cosas bien todo saldrá como estaba previsto. Pero podemos haber decidido bien y obtener malos resultados (y viceversa). El factor suerte muchas veces es más importante de los que nos pensamos.

– Identifica claramente tus objetivos: Es fundamental plantearse hacia donde queremos llegar. Saber dónde vamos permite actuar en función de los objetivos. No hay peor cosa en una empresa que gestionar sin rumbo. Marca unos objetivos, lucha por conseguirlos y luego a superarse.

– Planteamientos realistas: Es imprescindible que nuestros planteamientos puedan desarrollarse en la realidad. Vamos a dejar de lado las fantasías o los sueños. Toda empresa tiene unos recursos que puede gestionar, la clave es sacar el máximo provecho de ellos, explotarlos al máximo para llegar lo más lejos posible, pero siempre dentro de un marco ético y legal.

– No autoengañarse: Cuando tomamos una decisión solemos buscar razones que avalan nuestra alternativa y a veces no valoramos las razones que la cuestionan. Este problema se acrecienta cuando nos rodeamos de gente que piensa como nosotros, por eso dicen que es tan importante que una directiva este formada por variedad de personas en cuanto a pensamientos y opiniones. Toda decisión implica algo, no te dejes nada en el tintero.

– Atiende la información relevante: No pierdas el tiempo con datos o informes que no puedan ser relevantes para tomar decisiones, muchas veces su coste es inferior al beneficio que aporta. Sin embargo, a veces la clave para tomar una buena decisión está en los pequeños detalles. La concentración y tener claro lo que se busca es fundamental.

– Reconoce la incertidumbre y gestiónala: Toda persona tiene miedo a la incertidumbre. Por eso, es fundamental aceptarla, plantear varios escenarios y hacer planes contingentes para cada uno. Muchos de los proyectos emprendedores no tienen éxito, porque infravaloramos las consecuencias futuras pensando solamente en el presente.

– Sé creativo y genera alternativas: solemos pensar que la primera alternativa es la buena, pero en realidad, a más alternativas, mayor calidad de las decisiones. Para eso es fundamental plantear una lluvia de ideas entre tu gente de confianza, seguro que consigues algo positivo de la experiencia. La creatividad es importante en cualquier negocio.

– Consecuencias de las decisiones: juzgamos muchas veces nuestras decisiones por lo eficaces que son, pero las decisiones tienen otro tipo de consecuencias. Parecerá una tontería pero es importante tener claro que lo definitivo es que podemos decidir lo que queramos, pero una vez decidido, las consecuencias están determinadas. Asume todas las consecuencias de tus actos, sean buenas o malas. Al fin y al cabo, la decisión o la última palabra la tienes tú.

– Lo que decidas, ponlo en práctica: A la decisión le tiene que seguir la acción, ya que ninguna decisión es buena hasta que se aplica. Si se deciden cosas pero no se ponen en práctica, no hacen efecto y no sirven para nada, se quedan en un simple planteamiento. Piensa que gastar tiempo en tomar una decisión puede ser un ejercicio inútil si luego no se va a poder poner en práctica.

– Sé consciente de que no todo es racionalidad: Las personas tenemos sentimientos que influyen en la toma de decisiones. Dicen que tener una corazonada quiere decir alguna cosa. La cuestión es que la racionalidad tiene unos límites individuales que pueden depender de la personalidad de cada uno, de la aversión al riesgo o de la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos.