Diferencias entre impuestos y tasas
Para la mayoría de nosotros son lo mismo, ya que ambos acaban siendo cantidades de dinero que tenemos que abonar a la Administración, independientemente de que sea Local, de la Comunidad o Estatal. Sin embargo, desde el punto de vista fiscal no lo son, ya que cada uno de ellos tiene características diferentes.

Las tasas se caracterizan porque se paga a cambio de un servicio que realiza la administración y que nosotros como ciudadanos utilizamos en nuestro beneficio, o porque utilizamos a título particular un bien público, es decir, que pertenece al estado.

Por ello, las tasas deben ser abonadas por todos aquellos que utilicen un servicio. Por ejemplo, todos debemos abonar las tasas derivadas del uso del agua, porque es un bien que utilizamos todos los ciudadanos, pero en el caso de la tasa que se abona en el momento de realizar unas oposiciones, sólo la pagarán aquellos que se presentan a las mismas, es decir, quienes van a hacer uso de dicho servicio en concreto.

Los impuestos, por el contrario, se caracterizan principalmente porque se abonan sin recibir ninguna contraprestación directa a cambio. Lo que genera la obligación de pagar el impuesto es lo que se denomina hecho imponible, es decir, aquel acto o situación que nos obliga a pagar el tributo porque así está recogido en la ley. Por ejemplo en el caso del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, el hecho imponible es recibir la renta. En el caso del impuesto de Sucesiones, en los lugares en los que aún sigue vigente, el hecho imponible es recibir una herencia.

Los tributos pueden ser directos, como el IRPF o indirectos, como el IVA o el impuesto que grava el tabaco o la gasolina.