Efectos de la economía sumergida
La economía sumergida es una realidad en España, y más en épocas de crisis. Se calcula que en España la economía sumergida es de entre un 16 y un 20% del Producto Interior Bruto (PIB). Algunos informes llegan a asegurar que esa tasa es del 23%, mientras que en la Unión Europea la media es de un 15%. Eso significa que España es uno de los países del viejo continente donde más se practica este intercambio de bienes y servicios que no está controlado fiscalmente.

No se puede negar que la crisis ha favorecido el aumento de la economía sumergida. Cada vez son más las personas que tienen que actuar a espaldas de la ley para poder ganarse la vida. Suelen ser sueldos que entran en un hogar o simplemente complementos de sueldos y subsidios de poca cuantía. A pesar de ello, a largo plazo puede convertirse en un círculo vicioso que hace que las condiciones laborales y personales se deterioren.

Trabajar sin contrato es estar desprotegido frente a posibles eventualidades. Ejemplos de esto pueden darse cuando el trabajador sufre un accidente laboral y no recibe subsidio alguno. También cuando el trabajador fallece y su cónyuge no tiene derecho a una pensión por viudedad por no haber cotizado lo suficiente a la Seguridad Social. Son algunos ejemplos que parecen aislados, aunque en realidad suceden en muchos hogares de España.

En caso de que un empleado que esté trabajando en negro se vaya a la calle, el empresario no tendrá la obligación de pagarle una indemnización, por lo que siempre saldrá perdiendo el trabajador. Otro de los problemas es que los que se quedan en paro no tienen derecho a percibir el subsidio por desempleo conocido como paro. De igual forma, en una inspección laboral el empresario que lleve una empresa que trabaja en negro se llevará una buena sanción y hasta podrá quedar inhabilitado de por vida para dirigir empresas.

Un empleado nunca tiene que aceptar eso de trabajar en negro. Estará desprotegido y carecerá de los derechos mínimos en cuanto a seguridad, vacaciones y horarios. La persona que contrata podrá pagar cuando le dé la gana, abonar una cantidad menor a la pactada verbalmente o modificar cláusulas laborables sin consenso ni previo aviso. En este caso sólo existirá la confianza mútua entre el trabajador y el empresario como única garantía de que no se producirán abusos.