Hojas de reclamaciones
Las hojas de reclamaciones están a nuestro alcance en cualquier establecimiento. Ya sea un bar, un hotel o una gasolinera o en un gran almacén, en cualquiera de ellos podemos ver el cartelito que reza aquello de “existen hojas de reclamaciones a disposición del cliente”, y normalmente en dos idiomas. Pero pocos de nosotros de hemos hecho uso de ellas. Estamos tan convencidos de que “reclamar no sirve para nada”, que ni nos molestamos en rellenar la hora, limitándonos a protestar. Pero deberíamos darnos cuenta de que si todos nosotros ejerciéramos nuestro derecho a reclamar como consumidores, obtendríamos muchos beneficios con ello.

Por ello, si tenemos un problema con el establecimiento y no logramos resolverlo de forma amistosa, no debemos dudar en pedir la hoja de reclamaciones. Si no se la dan, puede denunciar al establecimiento por negarse a hacerlo. Y si se la dan, verifique que es una auténtica hoja de reclamaciones emitida por Dirección General de Consumo de su Comunidad. Estas hojas constan de tres hojas, de las cuales el consumidor siempre ha de quedarse en un primer momento con dos, la blanca y la verde.

Rellénela en el propio establecimiento, redactando de forma clara los hechos y utilizando letras mayúsculas para facilitar su lectura. Al estar en el establecimiento, puede tener acceso a todos los documentos necesarios para acompañar la reclamación, como facturas, folletos publicitarios, garantías, etc.

No olvide firmar la hoja de reclamaciones antes de presentarla a la autoridad competente en materia de Consumo y adjunte todos los documentos referidos anteriormente. Es mejor hacerlo personándose en la oficina de la Administración. Una vez entregada toda la documentación, la administración tiene un plazo de quince días para acusar el recibo de su reclamación y, una vez hecho esto, resolverla o archivarla.