La repercusión del aumento del IVA en nuestro bolsillo
Pues sí, en un momento en que los consumidores necesitan liquidez y quien más y quien menos se las ve y se las desea para lidiar con la crisis, aparte del aumento en la retención del IRPF que ya hemos notado en la nómina de enero, el aumento en el Impuesto del Valor Añadido (IVA) que entrará en vigor a partir de julio de 2010 adelgazará un poco más nuestro ya castigado bolsillo.

Dado el enorme déficit que está generando en el Estado la inversión necesaria para pagar la prestación o el subsidio de desempleo, necesita encontrar fondos para paliar este gasto, y una de las formas más rápidas para lograrlo es subir dos puntos el IVA, de un 16% a un 18% y de un 7% a un 8%, según el tanto por ciento con el que antes estuviera gravado cada producto. En definitiva, todo nos va a costar un 2% más caro, excepto los productos de primera necesidad, que siguen con el 4% de gravamen y no ha sido modificado, lo que nos dará un pequeño respiro.

Lo previsible es que esta subida se repercuta completamente en los precios, con lo cual disminuirá el poder adquisitivo de las familias, disminución que tendrá una repercusión directa en el consumo, ya que cuanto más mermados vean sus ingresos los consumidores y más perciban el encarecimiento de los precios, más parte de sus ingresos dedicarán al ahorro, lo que quizá produzca una ralentización en el esperado repuunte de la economía.

La reforma afectará sobre todo a las familias numerosas y a las parejas con hijos, así como a los autónomos, ya que si quieren mantener su clientela, no podrán repercutir la subida el IVA en los precios y tendrán que hacerle frente ellos mismos.