Los mercados de la deuda pública
La deuda pública es una de las inversiones más seguras, ideales para ahorradores de perfil conservador, caracterizada por bajo riesgo y rentabilidad asequible. Sin embargo, la debilidad de las finanzas públicas ha puesto en duda la solvencia de los activos de deuda nacionales. Actualmente el bono alemán alcanza una rentabilidad del 3%, mientras que el español se sitúa en un 3,40%. La prima de riesgo demuestra que la deuda española es más rentable, pero también más arriesgada. Pero el inversor conservador y clásico no debe preocuparse si sabe diferenciar los dos mercados de la deuda pública española:

Mercado primario: Formado por las subastas que realiza el Tesoro Público periódicamente, en las que cualquier inversor interesado puede acceder a ellas a través de un intermediario financiero. La inversión mínima para adquirir títulos (letras, bonos u obligaciones) es de 1.000 euros. Las subastas se realizan en fechas concretas que se publican en la web oficial. Cuando llega el momento, dependiendo del mercado se fija el tipo de interés al que se colocan los activos. El pasado mes de enero, las letras a un año se colocaron a un interés del 0,8%; los bonos a tres años, al 2,6%; los bonos a 5 años, al 2,8%; las obligaciones a 10 años, al 4%; a 15 años, al 4,2%; y a 30 años, al 4,8%.
Es una forma de financiar el gasto público, pero obteniendo una rentabilidad, ideal para inversores tranquilos y clásicos que invierten con la intención de mantenerse a vencimiento. El riesgo es tan reducido que solamente perderían su dinero si el estado se declarar en quiebra.

Mercado secundario: Se refiere a los movimientos diarios de los activos. Cualquier inversor del mercado primario puede acudir al secundario para vender sus títulos a otra persona mediante un intermediario. En este caso, perderá las garantías o el compromiso de rentabilidad firmado al comprar, por lo que deberá ajustarse a los precios de mercado en el momento de la venta. En ese caso, los precios que se manejan en este mercado dependen de variables económicas como los tipos de interés, la demanda, la oferta, la evolución económica del país emisor… En definitiva, la volatilidad es elevada. Por ejemplo, si el BCE decide subir los tipos del mercado y están por encima del interés del título, el precio al que se podrá vender el activo en el mercado secundario será inferior al precio de amortización, lo que supondría una pérdida de dinero.