Paraísos fiscales
Los paraísos fiscales, de los que oímos hablar en películas o a los muy ricos, son territorios o estados donde se aplica un régimen de impuestos muy favorable a los ciudadanos y empresas que, sin ser residentes de dichos paraísos, tengan su domicilio allí a efectos legales. Estos ciudadanos no residentes están total o parcialmente exentos del pago de los impuestos más importantes. Y sin duda lo más paradójico del caso es que en estos lugares conviven dos legislaciones fiscales, ya que mientras los residentes pagan religiosamente sus impuestos, los no residentes tienen grandes ventajas, siempre que no realicen actividades económicas dentro del territorio. Los paraísos fiscales se basan en leyes que aúnan el secreto bancario con la protección de los datos personales.

Entre otras medidas que propone la Unión Europea para luchar contra la crisis, está la lucha contra los paraísos fiscales. Por ello la Organización de Cooperación y de Desarrollo Económico ha redactado una lista de paraísos fiscales. Según la OCDE, para que un estado entre dentro de esta denominación se deben dar varias condiciones, entre ellas la existencia de impuestos insignificantes o que no existan prácticamente, que no compartan información fiscal con otros países, falta de transparencia en el régimen fiscal y atracción de empresas tapadera que desempeñan una actividad ficticia.

Basándose en ello, los países que dicha organización ha catalogado como paraísos fiscales son, entre otros, Costa Rica, Malasia, Filipinas, Uruguay, Suiza, Liechtenstein, Luxemburgo, Austria, Andorra, Gibraltar y Mónaco, por citar algunos de los más conocidos. Sin embargo, también existen lugares no catalogados como paraísos fiscales donde los ciudadanos no residentes no pagan prácticamente impuestos, como algunos estados de Estados Unidos e incluso el Reino Unido tiene condiciones fiscales muy beneficiosas para los ciudadanos no residentes.