Pólizas de crédito
Si eres un trabajador por cuenta ajena seguramente no habrás oído hablar de las pólizas de crédito, ya que suelen ser muy utilizadas por la empresas. Sin embargo, también pueden contratarlas los particulares y pueden ser una buena solución para hacer frente a determinadas necesidades financieras a las que tengamos que hacer frente en un momento dado. En cierto modo podemos considerar la póliza de crédito como un crédito flexible, de forma que, hasta un determinado límite, podemos utilizar la cantidad de dinero que necesitemos en un momento dado y devolverla a nuestra conveniencia, como un crédito a medida.
Como en cualquier otro crédito, hay que pagar intereses y tiene una serie de gastos asociados a la misma, como son:

– Comisión de apertura: Al tratarse de un préstamo es una comisión habitual.

– Comisión de disponibilidad: Suele ser un pequeño porcentaje de la cantidad de dinero de la que podemos disponer.

– Interés dispuesto: Es el interés que pagamos por el dinero de que hemos dispuesto hasta el momento.

– Interés excedido: Si nos excedemos de la crédito que nos ha concedido la entidad, deberemos pagar un interés sobre ese exceso que será mucho mas alto que el interés dispuesto.

– Si la póliza es de un importe elevado puede ser necesaria la firma de un notario.

Sin embargo debemos tener cuidado de no tener la cuenta siempre en descubierto, ya que esto influiría en nuestro historial de crédito y porque, al renovar la póliza, puede que ese hecho pese en la entidad bancaria, nos pueden variar los intereses dispuestos aumentándolos o pueden no renovarnos la póliza, con lo cual deberíamos devolver todo el dinero a la entidad. Por ello es un producto aconsejable sólo para hacer frente a pagos puntuales.