Prescripción de deudas
Sabemos que los delitos prescriben. En los medios de información oímos constantemente noticias sobre culpables que no pueden ser juzgados porque los delitos que han cometido han prescrito, es decir, ha terminado el plazo durante el cual podían ser juzgados. Y en un momento como el actual, en el que muchas empresas y particulares tienen deudas, es razonable preguntarse si éstas prescriben. Y sí, al igual que los delitos, las deudas prescriben.

Los requisitos para que las deudas prescriban son, por una parte que no haya sido reclamada por parte del acreedor, ya que en el momento en que se reclama una deuda se interrumple el plazo de prescripción de la misma y por otra que el que tiene la deuda no la haya reconocido.

Si se cumplen ambos requisitos, los plazos para prescripción de las deudas son los siguientes:

Las hipotecas prescriben a los veinte años.

Las deudas personales, con carácter general, en un plazo de quince años.

Las pensiones alimenticias y pagos periódicos (alquileres de fincas rurales o urbanas, por ejemplo) prescriben a los cinco años.

Las deudas tributarias, a los cuatro años (aunque ya se está pensando en ampliar este plazo para evitar el blanqueo legal de dinero o para recaudar más tributos en esta época de crisis).

Las deudas derivadas de pagos a diversos profesionales (como abogados, docentes, jornaleros, etc.), tres años.

Y por último, las deudas provenientes de reparación de daño (negligencia), un año.

De esto se deduce que, siempre que una deuda no se exija y no se reconozca, sólo hay que dejar pasar el tiempo para que esta prescriba y desaparezca tanto el derecho a reclamarla por parte del acreedor, como el deber de reconocerla por parte del deudor.