Renunciar a una herencia
Aunque no es habitual, existen ocasiones en las que los herederos deciden renunciar a su herencia. Esto se debe, principalmente a que, en el momento que aceptamos la herencia, nos hacemos cargo tanto de los bienes como de las deudas del fallecido, y tendremos que responder de ellas con nuestros propios bienes. Por ello, si tenemos constancia de que existen grandes deudas en el patrimonio del causante, tenemos dos opciones. Una de ellas es aceptar la herencia a beneficio de inventario y la otra es renunciar a la herencia.

La renuncia a la herencia debe hacerse de forma expresa y siempre ante Notario, bien mediante escritura notarial o presentando el documento de renuncia en el Juzgado competente. De otro modo, no es válida.

También es irrevocable, por lo que deberemos meditar bien nuestra decisión, ya que una vez que hemos renunciado perdemos nuestros derechos como herederos y no podemos volver a aceptarla. La renuncia, además, es al total de la herencia, por lo que no podemos renunciar sólo a una parte y quedarnos con la otra.

Una vez que hayamos renunciado a nuestra parte de la herencia, ésta se repartirá entre el resto de los herederos que la han aceptado. Si han renunciado todos los herederos de la primera línea de sucesión, la herencia pasa a la siguiente y así sucesivamente.

La única causa que, según el Código Civil, impide que ejercitemos nuestro derecho a renunciar a la herencia es cuando dicha renuncia implique un perjuicio para terceras personas. Por ejemplo, si tenemos acreedores, la renuncia a la herencia resultará perjudicial para ellos, por lo que pueden solicitar al juez que les autorice a aceptarla en nuestro nombre y así evitar dicho perjuicio.

Renunciar a la herencia no nos impide recibir los legados de la herencia o que aceptemos la mejora que nos haya podido realizar el causante.