Sociedad limitada o autónomos
Lo primero para iniciar un nuevo negocio es darnos de alta en la actividad, para ello tenemos dos opciones: crear una sociedad limitada o hacernos autónomos. Son dos formas jurídicas que tienen ventajas e inconvenientes. Por eso es importante no precipitarse al tomar una decisión y analizar con detenimiento los beneficios de convertirse en autónomo o constituir una sociedad dirigida por pequeños empresarios. Lo puntos que debemos evaluar son de tipo económico, jurídico y de imagen. En un primer momento, salvo que se espere una gran facturación, lo más conveniente para empezar es convertirse primero en un profesional autónomo. Quizás dentro de un tiempo, si el negocio va bien, merezca la pena crear una sociedad limitada.

Si tenemos en cuenta los trámites es más rápido convertirse en autónomo que crear una sociedad, algo importante para la persona que necesite iniciar su actividad en un plazo corto de tiempo. se trata de la forma jurídica más sencilla y rápida. Necesitamos dos trámites: acudir a Hacienda para cumplimentar un documento donde se acredite el tipo de actividad y luego darse de alta en la Seguridad Social. Para crear una SL se necesitan de media unos 30 días.

En los costes también hay diferencias. En el caso de darse de alta como autónomo, no es necesario desembolsar ningún capital previo. Mientras que para convertirse en sociedad limitada, es obligatorio abrir una cuenta corriente y depositar un capital mínimo de 3.000 euros.

Por otro lado tenemos que tener en cuenta los límites de responsabilidad. En el caso del autónomo, la responsabilidad es ilimitada, por lo que pone en juego su patrimonio personal en el caso de que el negocio no funcione. En el caso de que se esté casado, el patrimonio del matrimonio responde de las deudas que puedan derivarse de la actividad mercantil. Sin embargo, en las sociedades la responsabilidad se limita al capital aportado. Si la empresa se declarara en quiebra, el patrimonio de sus propietarios no se hace cargo de las posibles deudas.

En materia de impuestos, también hay diferencias al tributar en cada una de las fórmulas jurídicas. La carga fiscal de los empresarios autónomos puede llegar a ser mucho más elevada que la de las sociedades. Las SL tributan por el Impuesto de Sociedades a un tipo único del 25%, mientras que un autónomo lo hará por el IRPF entre el 24% y el 43%, según los ingresos.

A partir de unas ganancias de en torno a los 90.000 euros, es aconsejable que el autónomo se transforme en sociedad limitada.

El tema de las desgravaciones también es importante. El autónomo sólo puede desgravarse el 50% de los gastos porque en muchos casos utiliza su casa como oficina y que sólo puede desgravarse parte de los gastos que conlleva su actividad. Por el contrario, como sociedad mercantil, se puede desgravar hasta un 100% todo lo que esté relacionado con la actividad que se realice.

Finalmente, en muchos casos la financiación es clave para iniciar un negocio. Uno de los principales problemas con los que se encuentra el autónomo es la financiación. Adquirir un crédito es mucho más difícil que para una sociedad.