Solicitar reducción de jornada voluntaria
Las empresas intentan que los trabajadores puedan conciliar su empleo con su familia. Ambas cosas deberían de ser compatibles, pero en ocasiones compaginar la vida laboral con la personal no siempre resulta sencillo. Tarea complicada cuando en el hogar hay niños, abuelos a quienes cuidar u otros familiares que requieren una atención diaria. Para estos casos, hay una solución que permite aliviar las obligaciones de los trabajadores: solicitar una reducción voluntaria de la jornada laboral. Esta fórmula intermedia entre una excedencia, con la que se permite que el empleado se ausente de su trabajo durante un periodo determinado de tiempo y un horario mucho más flexible.

La reducción voluntaria de la jornada laboral es un derecho al que sólo pueden acceder los empleados que estén en alguna de las siguientes situaciones familiares:
– Tener la guardia legal de un hijo, biológico o adoptado, menor de ocho años.
– Estar al cargo de un familiar de hasta segundo grado de consanguinidad (hijos, padres, hermanos, abuelos o nietos) que por diversas razones no sea capaz de valerse por sí mismo y no realice ninguna actividad laboral retribuida.
– Ser responsable de una persona con discapacidad física, psíquica o sensorial que no trabaje.

Por lo general, la jornada laboral se limita en una hora menos (si es de ocho) y un máximo del 50% (trabajar la mitad de lo habitual). En todos los casos, el horario se acorta, pero el sueldo también merma. Hay que tener muy en cuenta que la reducción de jornada implica una disminución proporcional del salario del trabajador. Por otro lado, también existen algunas subvenciones autonómicas con el fin de contrarrestar la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores que reducen de forma voluntaria su jornada laboral.