Chicharros en la Bolsa
Resulta sorprendente escuchar este término cuando hablamos de invertir en bolsa, y muchos neófitos en la misma pensarán que es un error, pero no es así. Quienes operan en bolsa están familiarizados con los chicharros, unos valores, que tienen pequeña liquidez y gran volatilidad, que existen en todo mercado bursátil y poca relación tienen con los que podemos encontrar en la pescadería.

Estos valores no suponen ningún problema para quienes estén acostumbrados a invertir en bolsa, pero los inversores novatos no saben bien cómo operar con ellos. Los chicharros se caracterizan porque cambian de valor rápidamente (lo que se conoce en bolsa como “dinero nervioso”), y esto lleva a que se compren y se vendan con gran rapidez, yendo de un inversionista a otro. Si los adquirimos porque pensamos que son una buena inversión y no los vendemos a tiempo cuando su valor cae, nos podemos quedar con valores que valgan menos que lo que hemos pagado por ellos.

Los chicharros se caracterizan por ser valores con poca rotación, que tienen precios bajo y una capitalización aún menor. Suelen pertenecer a sociedades de pequeño tamaño, sobre todo a aquellas que están en una situación financiera complicada, lo que los convierte en unos valores muy volátiles y que se caracterizan por un riesgo muy elevado, ya que pueden perder su valor en pocos minutos.

Quienes invierten de forma habitual en estos valores suelen utilizar complejos programas informáticos que determinan su estrategias de compra y de venta. El ordenador busca valores que estén por debajo de las medias de los últimos días o semanas y analiza qué factores han podido producir esa situación, y según estos factores, hay que elegir el momento perfecto para invertir por la empresa y conseguir así ganancias rápidas, y ser más rápido aún en vender. Aunque parece una estrategia sencilla, no lo es, por lo que no son unos valores recomendables para los pequeños inversores.