Cómo adaptar nuestro presupuesto a los imprevistos
Para gestionar correctamente nuestros gastos e ingresos y no llevarnos sorpresas a fin de mes es necesario realizar un presupuesto mensual en el que recojamos los gastos e ingresos fijos que tenemos. Una vez realizado, todo nos cuadra perfectamente. El problema surge, sin embargo, cuando, a lo largo del mes nos surgen gastos imprevistos a los que tenemos que hacer frente y no sabemos muy bien cómo reflejar en el presupuesto, con lo cual todas las previsiones que hemos realizado a fin de mes no nos han servido para nada.

Para evitar que esto nos ocurra y que nuestro presupuesto se asemeje lo más posible a nuestra situación real, debemos realizar uno que nos permita recoger tanto los gastos previstos como los imprevistos.

Un método para conseguirlo es destinar cada mes, dentro del presupuesto, una cantidad determinada para imprevistos.

Aunque será difícil que la cantidad que hemos determinado se ajuste a la real dado que sólo es una proyección, este ajuste nos permitirá hacer frente a dichos gastos sin que nuestra economía se resienta demasiado.

Si tras hacer nuestro presupuesto observamos que nos queda un remanente que destinar al ahorro, podremos dedicarlo a dichos imprevistos. Si tras finalizarlo observamos que no nos queda dinero disponible, deberemos volver a los gastos variables y ver en qué partidas podemos ahorrar. Una vez que las hayamos determinado, deberemos ceñirnos a la cantidad presupuestada para que dicho ahorro sea efectivo. De nada sirve realizar un presupuesto si nosotros mismos lo desbaratamos utilizando, por ejemplo, la tarjeta de crédito con la idea de que ya haremos frente al gasto el mes que viene, porque llegará un momento en que no podamos manejarlo.

También es importante, una vez realizado el presupuesto, anotar cada gasto, sobre todo al principio, porque a veces pensamos que no hemos gastado tanto y, al sumar, nos damos cuenta de que no es así.