Concurso de acreedores empresarial
Debido a la falta de financiación y a la disminución en el consumo por parte de los consumidores, muchas empresas no pueden hacer frente a las deudas que tiene contratadas con sus proveedores o con entidades financieras, lo que la lleva a una situación de insolvencia, que tendría como consecuencia la desaparición de la empresa. Para evitar esto la empresa puede declararse en concurso de acreedores.

Este concurso les permite congelar el pago de las deudas que tiene contraídas, mientras un equipo de expertos evalúa si la situación financiera por la que está atravesando es puntual o no.

Dado que la empresa no puede pagar sus deudas, tampoco puede hacer frente al pago de las nóminas de los trabajadores. Durante el concurso, la empresa sigue funcionando, por lo cual los trabajadores seguirían en activo. Para evitar que se dé la situación en la que deban trabajar sin cobrar la nómina, será el Fondo de Garantía Salarial el que se haga cargo de las mismas.

El dueño de la empresa cuenta, desde el momento en que sea insolvente, con un plazo de dos meses para solicitar el concurso de acreedores. Pero no es sólo quien puede solicitarlo. También pueden hacerlo los acreedores si prevén que el deudor puede llegar a ser insolvente y determine que no va a poder cobrar sus deudas.

Una vez que la empresa se haya declarado en concurso, lo que se debe hacer mediante proceso judicial, el juez nombrará tres administradores concursales, que se encargarán de hacer un inventario del patrimonio de la empresa y de pagar las deudas intentando conservar la mayor parte de los activos de la misma.

El cobro por parte de los acreedores comienza por los trabajadores de la empresa, las administraciones públicas y las entidades financieras. Los últimos en cobrar son los proveedores y los suministradores.