Declaración de la Renta cuando el titular ha fallecido

Cuando una persona fallece, la obligación de presentar la declaración de la Renta no desaparece, sino que deben ser los herederos los que la lleven a cabo. Por ello, después del fallecimiento, los herederos lo primero que deben hacer es determinar si el fallecido tenía o no la obligación de presentar la declaración del IRPF. Si no se ha designado un heredero, será la Administración quien busque a uno de los familiares más próximos del fallecido y le informe de su obligación de hacerse cargo de la declaración de la Renta de éste.

El primer paso para realizar esta declaración es, aunque puede parecer un poco extraño, confirmar el borrador si el declarante lo había solicitado. Para hacer esto, uno de los herederos debe acudir a la oficina de la Agencia Tributaria en la que el fallecido debía realizar la declaración con el DNI del titular, el documento que le acredite como heredero y deberá solicitar los datos fiscales del fallecido, para poder confirmar así el borrador.

Si el fallecido no había solicitado el borrador, tendremos que seguir el mismo procedimiento para poder realizar la declaración a través del programa PADRE.

Si la declaración sale a pagar, los herederos deberán realizar el ingreso a Hacienda.

Si la declaración sale a devolver, la Agencia Tributaria retendrá la devolución hasta que los herederos le presenten la documentación necesaria, es decir, el certificado de defunción, el libro de familia, el certificado de Últimas Voluntades y el testamento del fallecido si lo hay, además de los NIF de los herederos para identificarse.

Si la devolución supera los 1200 euros, además de los documentos anteriores también es necesario presentar el testamento o la declaración de herederos y un poder notarial que faculte a uno de los herederos a cobrar la devolución en nombre de todos.