Deudas y divorcio
Cuando una pareja decide divorciarse, ya sea de común acuerdo o mediante un procedimiento contencioso, existen una serie de temas de los que se ha de ocupar, como son decidir con qué progenitor se quedan los hijos y si alguno de los dos se queda con la vivienda familiar. Pero no son estos los únicos temas a tratar, porque, si la pareja ha incurrido en deudas mientras estaban casados, cuando llega el momento del divorcio también hay que determinar qué se hace con dichas deudas.

En este caso hay que distinguir las deudas privativas y aquellas que forman parte de la sociedad de gananciales.

Las primeras son las adquiridas por cualquiera de los cónyuges antes de contraer matrimonio, como pueden ser un préstamo para cursar unos determinados estudios o créditos al consumo contratados para comprar un coche, deudas de la tarjeta de crédito o derivadas de algún negocio que el cónyuge regentaba antes del matrimonio. Estas deudas no forman parte de la sociedad de gananciales, por lo que debe hacerse cargo de ellas exclusivamente el cónyuge que las contrajo.

La jurisprudencia española considera también que hay una serie de deudas que son contraídas “contra la comunidad” de bienes que forma la sociedad de gananciales, es decir, que son aquellas en las que uno o ambos cónyuges incurren una vez casados pero que no suponen ningún beneficio para los gananciales conyugales. En este apartado se encontrarían las deudas derivadas del juego o las apuestas, y la jurisprudencia ha venido considerando que este tipo de deudas son también responsabilidad exclusiva del cónyuge que las causó.

El resto de deudas son consideradas responsabilidad de ambos cónyuges si han sido contraídas durante el matrimonio, aunque sólo hayan sido contraídas por uno de los miembros de la pareja.