El contrato de alquiler en los pisos compartidos
Para aquellos que se tienen que desplazar a otra ciudad a estudiar o trabajar o para los jóvenes que quieren emanciparse pero no pueden hacer frente al alquiler de un piso, una de las opciones más ventajosas es entrar en un piso compartido, bien alquilándolo o entre varios amigos o, como suele ser habitual, compartiendo el piso con personas desconocidas que se encuentran en sus mismas o muy parecidas circunstancias.

En estos casos también se redactan y se firman contratos que recogen una serie de cláusulas en consonancia con peculiaridades propias de estos tipos de alquileres.

Una de las cláusulas más habituales y que suele ser un problema para el resto de inquilinos es hacer frente a la totalidad del alquiler aunque uno de los ocupantes abandone el piso, lo cual supone un incremento del importe del alquiler al que muchas veces no pueden hacer frente. En este caso, lo mejor es acordar con el propietario que nos dé un periodo de dos o tres meses hasta que un nuevo inquilino ocupe la habitación.

Otra opción, aunque no suele ser muy aceptada por los propietarios, es firmar un contrato sólo por la habitación que ocupamos, de forma que, aunque los demás abandonen el piso, no seamos responsables de abonar su parte ni de encontrar un nuevo inquilino.

Lo mismo debemos tener en cuenta con respecto a los gastos del piso como luz agua, teléfono, internet, gas, etc. Lo mejor es que en el contrato venga estipulada la forma de pago de los mismos, normalmente a partes iguales entre los inquilinos.

Finalmente también encontraremos cláusulas de normas de convivencia que deben ser acatadas. Deberemos leer muy bien éstas, ya que suelen referirse a espacios comunes como el baño, la cocina o el salón, y determinar si estamos de acuerdo con ellas o, en caso contrario, buscar otra vivienda.