Fondos estructurados
Cuando nos decidimos a invertir, nos guiamos por dos objetivos principales: la seguridad y la rentabilidad. Dependiendo de nuestro perfil de inversor, primará uno u otro valor en nosotros. Si somos inversores que buscan la rentabilidad por encima de todo, una buena inversión en la que podemos fijarnos son los depósitos estructurados, que ofrecen una de las mayores rentabilidades del mercado, pero que también conllevan un gran riesgo.

El riesgo viene dado porque la rentabilidad de estos depósitos depende de la evolución de un determinado índice bursátil, unos valores, divisas o materias primas. Existen dos tipos de depósito estructurados, que son los que se comercializan con tipos mixtos o los que son variables al 100%.

Los depósitos con tipos mixtos son aquellos que se componen de una parte fija, que puede ser un depósito a 3, 6, 9 u 11 meses que tienen un tipo de interés alto, lo que hace atractivo el producto. El resto de la inversión es la que se vincula a algún valor.

Los depósitos 100% variables son aquellos en los que todo el depósito depende de los elementos que hemos mencionado más arriba, por lo que el inversor debe ser consciente que la rentabilidad del producto dependerá del comportamiento del mercado.

Una de las mayores ventajas que tienen este tipo de depósitos es que están destinados a pequeños inversores, por lo que sólo hace falta una pequeña inversión para adquirirlos. La recogida de la cantidad rentada se hace al final de la vida del producto.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que uno de los mayores inconvenientes aparejados a estos depósitos son las altas comisiones que se pagan en caso de cancelarlos anticipadamente, lo que puede disminuir en gran parte la rentabilidad del producto.

En cuanto a su tributación, se rigen por las mismas normas que otros productos financieros, por lo que tributan al 18%.