Impuestos directos e indirectos
Cuando pensamos en impuestos, nos suele venir a la cabeza el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) o el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) porque son aquellos que devengamos de forma más directa y cuyo efecto sobre nuestra economía notamos en mayor medida. Sin embargo, no son los únicos impuestos que pagamos, ya que existen impuestos que abonamos casi diariamente de los que no siempre somos conscientes.

Esto se debe a los dos tipos de impuestos que existen, los directos y los indirectos.

Los impuestos directos gravan las rentas que obtenemos y el patrimonio del que somos titulares.

El más importante de ellos es el IRPF, aunque también se engloban en esta clasificación el Impuesto de Sociedades, el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, el Impuesto sobre el Patrimonio y el Impuesto sobre la Renta de los no Residentes (IRNR).

Los impuestos directos se caracterizan por su progresividad, es decir, que proporcionalmente paga más impuestos quien más renta o patrimonio tiene. El único impuesto directo que no tiene carácter progresivo es el impuesto sobre Sociedades, que tiene un tipo fijo único, porque a diferencia de los demás es proporcional.

Los impuestos indirectos son aquellos que gravan el consumo de bienes y servicios y las transmisiones de bienes y derechos en general. Los más importantes entre estos son el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), que está vigente en todo el territorio español excepto Canarias, Ceuta y Melilla el Impuesto sobre Primas de Seguros, , los Impuestos Especiales (IIEE) y el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales (ITP).

Estos impuestos son proporcionales, es decir, que se aplican según tipos impositivos constantes y no dependen de la renta de quien consume el bien, por lo que se suelen considerar más injustos. Estos impuestos son los que gravan, entre otros bienes, el tabaco, el alcohol o la gasolina.