La legítima, la herencia obligada
Cuando alguien hace testamento y decide cómo repartir sus bienes, realmente no puede hacerlo como quiera. Legalmente, está obligado a dejar a sus herederos forzosos una parte de la herencia, denominada legítima, y si no lo hacen de este modo se puede declarar la nulidad del testamento, a menos que el testador haya decidido desheredarlo legalmente, en cuyo caso no tendría que someterse a esta obligación.

Dependiendo de la legislación de cada Comunidad Autónoma, la parte considerada como legítima puede ser diferente, como ocurre en Comunidades como Aragón, Baleares, Cataluña, el País Vasco y Navarra, donde lo relativo a los derechos y sucesiones está regulado en los Derechos Forales.

Las herencias se dividen en tres tercios, uno es la legítima, otro el tercio de mejora y otro el tercio de libre disposición. Atendiendo al Código Civil, que rige en la mayoría del territorio nacional, la legítima debe quedar adscrita del siguiente modo:

– A los hijos y descendientes del fallecido les corresponde un tercio de la herencia (la legítima), que debe ser repartido a partes iguales entre los hijos. El tercio de mejora debe repartirse entre hijos y nietos, aunque el testador puede dejárselo también sólo a uno de sus descendientes.

– El cónyuge viudo: Si quien hace testamento tiene hijos o descendientes, le corresponde el usufructo de un tercio de la herencia, es decir, el cónyuge viudo puede disfrutar de los bienes que forman este tercio, pero no tiene su posesión, ya que pertenecen a los herederos. Si no tienen hijos, pero viven los ascendientes del fallecido, le corresponde el usufructo de la mitad de la herencia. Si no existen descendientes ni ascendientes, al cónyuge le corresponde el usufructo de los dos tercios de la herencia.