Responsabilidad solidaria y subsidiaria frente a deudas
Cuando nos decidimos a avalar un préstamo, ya sea hipotecario o personal de otra persona, nos convertimos en los que se denomina responsables subsidiarios de esa deuda, lo que significa que, si quien ha contratado el préstamo no puede hacer frente al mismo o decide no abonar las cuotas, seremos nosotros quienes supliremos al deudor principal, por lo que los bancos o acreedores de dicha persona podrán dirigirse contra nosotros para que abonemos la deuda y podrán hacerla efectiva embargando nuestro patrimonio.

Si al avalar un préstamo somos varios quienes decidimos convertirnos en avalistas de quien solicita el crédito, nos convertiremos en responsables solidarios, es decir, que somos nosotros, todos, quienes respondemos ante la deuda contraída por una persona física.

Esta misma responsabilidad se da si somos gestores de una empresa que quiebra por no poder hacer frente a los pagos.

Si se da este caso, el acreedor o los acreedores podrán dirigirse, para cobrar su deuda, a cada uno de nosotros, con la particularidad de que, aunque seamos varios los responsables de dicha deuda, puede solicitar el pago de la totalidad a cada uno de nosotros. Una vez que se liquida la deuda totalmente, es cuando los demás responsables solidarios quedan libres de responder ante ellas.

Además, en este tipo de responsabilidad es el acreedor quien decide contra qué responsable solidario actuar, por lo que se dirigirá siempre hacia quien sea mal solvente o a aquel cuyos bienes sean más fáciles de valorar, independientemente de que dicha elección sea justa o injusta a efectos de responsabilidad en el momento de haber contraído dicha deuda.

Si uno de los responsables solidarios ha abonado toda la deuda, puede reclamar después a los demás responsables que abonen la parte que le corresponda a cada uno, para que de ese modo el pago se haga de forma más equitativa.