Retribuciones en especie e Ingresos a cuenta en el IRPF
Cuando realizamos la declaración del Impuesto sobre la Renta en el apartado de retribuciones tenemos que consignar tanto las dinerarias, es decir, las recibidas en dinero, como las retribuciones en especie, es decir, bienes, derechos o servicios que los trabajadores utilizan o consumen de forma gratuita o a un precio inferior al existente en el mercado, según la definición de las mismas que podemos encontrar en la Ley del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.

Son muchos los trabajadores que disfrutan de estas retribuciones en especie, como pueden ser la cesión de una vivienda, utilización del coche de empresa para su uso particular o préstamos a un interés inferior al legal del dinero.

Estas retribuciones en especie conllevan lo que se denomina un ingreso a cuenta, similar a las retenciones que nos practica Hacienda en las retribuciones dinerarias que percibimos en nuestra nómina, es decir, una especie de pago anticipado que hacemos a la Agencia Tributaria por el salario que hemos ganado y que se nos descuenta de la base imponible cuando llega el momento de realizar la declaración de la Renta.

Sin embargo, en el caso de los rendimientos en especie esto no es posible hacerlo, y por ello llevan siempre aparejados un ingreso a cuenta, es decir, un pago que debe hacer el empresario a Hacienda por las retribuciones en especie que ofrece a sus empleados. Si el empresario repercute o no este ingreso a cuenta en la nómina del trabajador dependerá del acuerdo que exista en cada empresa.

Si el ingreso a cuenta es repercutido, aparecerá en la nómina del trabajador descontándose del bruto a percibir. Si no es repercutido, la cantidad que aparece como valor de la retribución en especie está formada por el valor en sí del objeto más el ingreso a cuenta, cantidad que se añade al bruto a percibir por el trabajador.